Encuestas que no son encuestas

Hace ahora dos años escribí un artículo sobre las "encuestas on line" que se propagan por los medios de comunicación alojados en internet.

Raúl y las encuestas on line

Me ha venido a la cabeza cuando leo atónito, en una web de mi ciudad regentada por un joven periodista, conclusiones sobre el parecer de la "opinión pública" acerca de la política local y sus protagonistas, los partidos, a raíz de una serie de encuestas electrónicas que sin ningún atisbo de cientificidad ha ido proponiendo a sus decenas de lectores en las últimas semanas.

Sociólogos de ilustre nombre en metodología de la investigación social, como Jaime Andreu, Luís A. Camarero o Juan S Fernández, lo han denunciado ya. Las encuestas que se cuelgan en las webs y blogs, leemos muchas en los periódicos on line, no son encuestas. Una encuesta es algo más que un conjunto de preguntas realizado a un grupo de personas. La mayoría de las llamadas encuestas en internet son tan sólo conjuntos de preguntas. El mínimo rigor científico impide cualquier interpretación que vaya más allá del propio conjunto de respuestas obtenido.

Desgraciadamente, el uso del término encuesta es libre. Y se denomina así a “pesquisas” en las que no existen ni una población bien definida, ni un procedimiento definido de muestreo, ni análisis sobre la calidad de las mediciones, ni ninguno de los elementos que son necesarios para que ese “conjunto de preguntas” pueda conformar una encuesta. Es más, el muestreo resulta tan dependiente de la voluntariedad de los participantes que el sesgo amenaza claramente cualquier interpretación. Y es que en internet nos encontramos con dos tipos de encuestas, las claramente intencionales y las escondidamente promocionales.

Evidentemente, ¿Qué poblaciones son accesibles e identificables electrónicamente? ¿Qué procedimientos de muestreo pueden aplicarse en ese contexto?. Sin estos elementos, ¿qué credibilidad merecen y qué generalización permiten los resultados de una “encuesta electrónica”?

Una encuesta es un dispositivo de conocimiento cuyo soporte estriba en su representatividad, y como es sabido la representatividad exige un sistema de selección no intencional, siendo el mejor dispositivo de selección no intencional el aleatorio. El soporte de la representatividad es necesario aunque no suficiente, además se establecen otros controles sobre la calidad del instrumento de medida — cuestionario— y sobre el cumplimiento del trabajo de campo...

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