El Alakrana y la estrategia política

El secuestro del Alakrana requiere de una compleja labor negociadora y de calculados movimientos políticos y judiciales, pero también comunicativos. La opinión pública es la que marca la dirección del viento, a favor o en contra de una gestión que, más o menos brillante, puede ser ignorada, ensalzada o rechazada por el grueso de la población. El consultor de comunicación Albert Medrán apunta que “el problema surge cuando la ciudadanía percibe que no se está haciendo nada”, por lo que “el Gobierno debería haber jugado un papel más activo en informar, en la medida de lo posible, a familiares y ciudadanos”. Medrán añade que la reciente reacción pública y espontánea de esos familiares “ha desencadenado una mayor acción del Ejecutivo y su peso ha sido enorme porque es esencialmente emocional y todos podemos ponernos en su piel y entender que haríamos lo mismo en una circunstancia similar”.

Por su parte, el asesor valora la “cautela y la prudencia con las que se ha movido el Gobierno” pero lamenta que ha dado la impresión de improvisación y de falta de estrategia clara en algunas fases de esta crisis”. Para Francisco Seoane, otro de los expertos consultados por este periódico, “el 'caso Alakrana'ofrece muchos puntos interesantes para la reflexión”.

Antoni Gutiérrez-Rubí es claro: “Con determinación”. Amparado en la experiencia que le avala, valora que “la comunicación política debe transmitir firmeza y fiabilidad, así como mostrar en todo momento que se sabe lo que se está haciendo y cuál es el siguiente paso”. A Gutierrez-Rubí no le cabe ninguna duda de que “los ciudadanos intuyen rápidamente las vacilaciones y las decodifican como falta de liderazgo o de criterio”.


Noticia en el Imparcial
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